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La enfermedad de Parkinson y la seguridad en el hogar

La enfermedad de Parkinson es una de las enfermedades neurodegenerativas más prevalentes en la población de edad avanzada. En general se desarrolla después de los 50 años afectando tanto a hombre como a mujeres, pero suele presentarse también en adultos jóvenes. Es de carácter progresivo y se trata a través de la intervención del médico especialista en Neurología, la medicación y la rehabilitación integrada.
El Parkinson ocurre en razón de que las neuronas cerebrales que producen la dopamina, que es un químico que actúa sobre el control del movimiento muscular, se destruyen lentamente, por lo que las neuronas de esa parte del cerebro no funcionan adecuadamente. Como consecuencia produce trastornos motores como: disminución de movimientos automáticos, pérdida de expresión facial, rigidez y dolor muscular, lentitud de los movimientos, voz monótona, a veces dificultades para deglutir, temblores, dificultades para movimientos finos de la mano, postura encorvada, freezing (sensación de congelamiento) y alteraciones del equilibrio y la marcha.
En relación a esto cabe destacar que Parkinson es una de las principales causas de caídas en la edad avanzada, tanto por los trastornos motores que provoca así como por el temor y la inseguridad que para movilizarse mientras se desempeñan las actividades de la vida diaria.
La Terapia Ocupacional como disciplina socio-sanitaria cumple un papel importante en el tratamiento de las personas con Parkinson, ya que a través de la implementación terapéutica de actividades significativas y con propósito contribuye a maximizar la capacidad independiente para realizar las actividades cotidianas y mantener así la participación activa en los diferentes roles que la persona se involucra.
Simples tareas como darse vuelta en la cama, levantarse para ir al baño, buscar o guardar objetos, salir al patio, o actividades más complejas como cocinar, ir a hacer compras, realizar trámites o hacer las tareas del hogar se vuelven actividades muy difíciles de ejecutar disminuyendo así el desempeño independiente y generando grados de dependencia que provocan una disminución en la autoestima de la persona.
A través de un programa integral de reeducación el terapeuta ocupacional (TO) asesora y entrena a la persona con Parkinson en la utilización de estrategias que le permitan minimizar las dificultades para iniciar y mantener la marcha, mejorar la coordinación y la calidad de la marcha, facilitar la movilidad en la cama, los cambios de postura, inclinarse e incorporarse o girar con seguridad mientras realiza actividades cotidianas básicas como vestirse o higienizarse, o mientras realiza las tareas la casa o se desenvuelve en la comunidad, entre otras ocupaciones.
Aprender a moverse en forma segura aumenta la confianza en sí mismo, facilita la creencia en las habilidades y la identificación de las limitaciones reales, manteniendo de esta manera la motivación necesaria para continuar ejerciendo los roles ocupacionales personales.
Por otra parte es función del TO evaluar las características físicas de los ambientes donde la persona se desenvuelve ya que estos pueden constituir una limitación o implicar riesgos para la integración física. El baño, los pisos, la disposición de los muebles, los espacios limitados o con obstáculos, la inaccesibilidad de los objetos de uso cotidiano son algunos aspectos que requieren ser evaluados para hacer las adaptaciones pertinentes a fin de eliminar o disminuir los que constituyan obstáculos para el desempeño.
Es conveniente hacer algunas adaptaciones ambientales como: eliminar los escalones o remplazarlos por rampas, eliminar alfombras y tener pisos antideslizantes para evitar resbalar o tropezar, redistribuir muebles u objetos para dejar libre los pasos más frecuentados en la casa, tener adecuada y suficiente iluminación especialmente en la noche para permitir moverse con seguridad, entre otras. Equipamiento específico como barras, barandas, elevadores de asientos, antideslizantes para el baño, entre otros, pueden ser indicados también porque disminuyen los riesgos de caídas.
Por último es importante destacar que el tratamiento médico y farmacológico debe completarse siempre con otras terapias, entre ellas la Terapia Ocupacional, para lograr un abordaje integral centrado en las necesidades de la persona a fin de mejorar su calidad de vida.

Andrea A. Bustos (Terapeuta Ocupacional)
Docente de la UNVM (Argentina)

Fuente: Diario del centro del País (Argentina)



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