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Un grupo de investigación de la UA trabaja en la creación de dispositivos de visión artificial que permitan detectar obstáculos aéreos.

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Son jóvenes, rondan la treintena,y llevan años investigando en visión artificial, una rama de la inteligencia artificial, para intentar eliminar barreras y mejorar la autonomía de las personas con dificultades de visión mediante máquinas inteligentes.


Mobile Visión Research Lab es el nombre de este grupo de jóvenes investigadores del departamento de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Alicante, creado recientemente, y formado por Pablo Suau, Boyán Bonev, Miguel Ángel Lozano, Juan Manuel Sáez, Francisco Escolano y Antonio Peñalver.


Todos ellos trabajan desde hace tiempo en el campo de la visión artificial con dispositivos móviles. El objetivo la visión artificial es que una máquina pueda interpretar información a partir de una cámara, lo cual puede aplicarse al reconocimiento de objetos o a la localización de obstáculos y esos sistemas pueden ser muy útiles para personas con dificultades de visión.
"Nosotros no somos invidentes y no sabemos qué problemas concretos tiene este colectivo y al hablar con algunas personas invidentes nos dimos cuenta de que cosas que creíamos que les serían de ayuda luego en realidad no lo eran para ellos", señalan los investigadores.
Entre esas ideas iniciales, recuerdan que plantearon elaborar un mapa local para que una persona ciega pudiera orientarse en el interior de un edificio, por ejemplo, y ellos les dijeron que no era necesario porque eran capaces de hacerlo; también descartaron realizar un mapa de reconocimiento de edificios al considerarlo inútil.
Pero el contacto con los invidentes sirvió a los científicos para que estos les expusieran sus necesidades. Una de ellas era la dificultad que para ellos supone no poder detectar en la calle los obstáculos aéreos que no perciben con el bastón, como toldos, farolas, ramas de los árboles o cualquier elemento que sobresalga en altura.
El grupo se puso en ello y, después de cinco años de trabajo , los investigadores han desarrollado una aplicación que permite detectar previamente los obstáculos de baja altura, a través de una cámara estereoscópica que registra las imágenes y tiene memoria local de los objetos, es decir, que aunque la persona se de la vuelta o cambie de dirección, las imágenes ya han quedado procesadas y recuerda los sitios por los que ha transitado.
Este software ya está desarrollado y ahora hace falta trasladarlo a un dispositivo portátil -que podrían ser una pequeña cámara en unas gafas o una mochila- que funcione por sí mismo y proporcione esa información al usuario, es decir, que sólo queda diseñar un prototipo.


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