MENU PRINCIPAL HORIZONTAL

Emocionarse es de personas, emocionarse es de Terapeutas Ocupacionales…

image

Hoy! en el día del Daño Cerebral, muchos son los que se muestran a la luz, toman aire y en un atrevimiento personal que roza la valentía, deciden pasar de ser hombres y mujeres grises a multicolores. Quieren mostrarse, compartir con otros corsarios de mismas guerras y batallas propias, que lo que ellos viven cada día, todos podemos sufrirlo en cualquier momento.

 

El daño cerebral lo sufren muchos, pero el mayor problema se da en los anosognósicos políticos, que mediante una anopsia binocular, típica de esta población, no son capaces de ver como las personas que más sufren son las que cada día pierden derechos y por tanto oportunidades. Es duro comprobar como a una concentración de este colectivo en este día, no acude ningún político, aunque lo cierto es que cada día es más común.

 

"Una vida salvada, merece ser vivida"

 

Paciente estabilizado y a casa!! y luego sorpresas... Tratamos personas o enfermedades? El paciente se salva cuando, aun teniendo una enfermedad, recibe un tratamiento necesario y encaminado a su completa recuperación en la medida de sus necesidades. La rehabilitación debe formar parte intrínseca del tratamiento de un paciente, y es tan necesaria como el propio tratamiento médico hospitalario. Nuestro objetivo debe encaminarse a la recuperación de su vida personal y profesional, rehabilitación no significa solo atención.

 

"La implicación emocional"

 

Cuando un usuario/paciente pasa por un servicio de rehabilitación, lo suele hacer por una temporada que va de los 3 meses hasta los 2 años (o incluso más si es por vía privada). Y me pregunto! ¿Existe verdaderamente alguien que no se implique emocionalmente?

 

Las personas son seres que conllevan inherentes la comunicación y la emotividad. En mi opinión, debemos diferenciar entre la implicación emocional y la interferencia profesional. En muchas ocasiones un Terapeuta Ocupacional necesita poder conocer cómo se siente un paciente ante una actividad, e incluso antes de hacerla (Siempre suelo preguntar a los usuarios como se encuentran o como se sienten antes de comenzar una sesión), pero no debe de interferir en tu trabajo, en tu implicación personal, que debe ser máxima con cada uno ellos.

 

Parte de nuestro trabajo consiste en conseguir la implicación emocional del usuario (regulada claro) a fin de alcanzar objetivos que, muchas veces en un primer momento, él ve como difíciles o incluso inalcanzables. Utilizar la retroalimentación externa para esa tarea es básico y, desde luego, el paciente siente o percibe cuando realmente ese feedback no es artificial.

 

Que fácil es hablar de no implicarse emocionalmente, cuando te es necesario ponerte en su piel. Cuando llora de emoción, porque después de haber hecho algo toda su vida y pensar que nunca más volvería a hacerlo, lo consigue con tu ayuda. Te mira a los ojos envuelto en un manto de lágrimas y te da las gracias. En ese momento tu cuerpo experimenta el sentimiento de hacer feliz a otra persona, y llena más que una cena con cochinillo, os lo aseguro. Puedes contenerte la lagrimilla, pero es difícil que tus ojos no se conviertan en un espejo de brillos. Se juntan muchas cosas, objetivos logrados, felicidad del paciente y fijación y adherencia reforzada al tratamiento (si he logrado esto, puedo conseguir más).

 

Todo esto también conlleva su cara B, el lado difícil de experimentar la pérdida de quien en cierta medida comparte tu camino profesional, esto es lo más duro. De forma invertida al sentimiento de felicidad, se torna en vacío por la perdida, más tarde ese vacío se va llenando de recuerdos, de anécdotas y de momentos vividos y, finalmente, se torna en una pequeña felicidad, felicidad porque compartiste, porque viviste , y tus ojos se convierten en un espejo de brillos...

 

Un buen profesor me mostró una vez que, para enseñar hay que emocionar, que emoción y aprendizaje van de la mano (lo llamó inteligencia emocional), prefiero pensar que para hacer sentir hay que sentir.

 

Ahora mismo, estoy llenando ese vacío que nuestro compañero de batallas “P. El Melenas” nos ha dejado. Luchó hasta el último día y compartió su sonrisa. Después de este último trago de caña, miraré al Sol y ese vacío se llenará y  tornará en felicidad. Otros esperan y necesitaremos nuestras fuerzas.

 

Hasta siempre compañero...

 

Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento.

(Miguel de Unamuno)



Que te parece:

PAGINACIÓN EN ENTRADAS